Reseña: «¡Tócala, Sam!» de Asier Aparicio Fernández

El pasado día 19 asistí a la presentación de «¡Tócala, Sam!», de Asier Aparicio Fernández.  Ya había leído dos de sus novelas, «Tesela» y «El árbol nazarí», y tenía interés por conocer esta nueva obra suya, que se presentaba como un «viaje» o «atlas emocional».

La obra consiste en una colección de 23 relatos cortos sin aparente hilo conductor, cuya única relación entre sí es estar ambientados en diferentes rincones del mundo. Cada uno de ellos va asociado a una canción que inspiró la historia a su autor, si bien él mismo comentó en la presentación que ello no implica que vayan a hacerle sentir lo mismo al lector, ni que sea necesario escucharlas a la vez que los relatos para que la experiencia sea completa. Quizá la mayor peculiaridad del libro sea que se incluye un código QR al comienzo del mismo, para que con ayuda de un móvil el lector pueda disfrutar de todas las canciones con un solo click.

Ciertamente el apelativo de «atlas» para el libro es más adecuado que el de «viaje», pues como se ha comentado son independientes entre sí, y de hecho pueden leerse en cualquier orden. Tampoco intentan representar costumbres o peculiaridades propias de la región en que se desarrollan, si bien no faltan las notas de color local. En lugar de eso, cada una de ellas plantea una historia individual, alguna vivencia o conflicto protagonizada por personas muy diferentes en lugares a su vez muy distantes entre sí, precisamente con la intención de mostrar una representación global de la experiencia humana: amores, desamores, tristezas y alegrías, grandes conflictos o simplemente el transcurso de la vida. Igual que en un puzle, por usar la metáfora del propio Asier, cada una de las piezas parece no tener relación con las demás, pero todas juntas forman un dibujo de la vida humana en nuestro planeta.

El estilo es simple y directo, usando muchas veces la primera persona. El autor busca siempre la empatía con los personajes, aunque sin llegar a la apología o reivindicación. Desde una perspectiva humanista, intenta mostrar cómo siempre hay una luz al final del túnel, cómo la vida y la gente encuentran formas de seguir adelante. Por separado o junto a sus repectivas canciones, sus historias son ligeras y entretenidas, aún cuando su temática a veces roza lo trágico. Resulta interesante la yuxtaposición de diversas vivencias y puntos de vista, sobre todo cuando las piezas se leen una detrás de otra y pueden apreciarse los contrastes. Debido a la brevedad de cada una de ellas, no hay elaboradas argumentaciones ni moralejas, pero sin embargo sí resulta posible apreciar un cierto mensaje, el humanismo y positividad del autor.

En definitiva, un libro que resulta interesante no sólo por la originalidad de su planteamiento musical, sino por su armónica combinación de grandes propósitos -representar la experiencia humana de forma universal- con su amenidad y ligereza. Recomendado tanto para leer de una sola sentada como para «picotear» relato a relato.

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